jueves, octubre 27, 2005

hoy

Tal vez porque aprendí a llorar de tarde en tarde, no me sorprende un cielo cerrado. Ni algo que no sucede. Ni las esperas que se repiten. Desde una caja manchada viene una melodía apretada, pegadiza. Y el mundo entra por la puerta sin que yo lo pueda recibir como creo se merece. Hoy hicieron estallar un vidrio. Hoy caminé sobre una alfombra roja que no conduce a ningún sitio. Hoy estuve con tanta gente que no me dice nada. Hoy también lo esperé. Si pudiera recuperar mi silencio. Irme en la noche. Encontrar esa palabra precisa. ¿que es lo que esperamos en vano? ¿que cosas te estremecen?

martes, octubre 11, 2005

A destiempo

Es natural que los espectadores se paren frente del escenario. Está bien que la gente se encuentre en la costanera. Esos puestos de pastelitos. Las mesitas bajas. El mate yendo y viniendo. Los canteros. Un montón de muchachos en el borde de la vereda.
Pero a mi me cuesta encontrarme entre los otros. Muchas veces me hacen sentir más sola.
Si en esas horas pudiéramos descender hacia la anchura del río. No tener miedo. Verte así. Sentirte así. Mirando el agua, como si en verdad viéramos cosas. Como si saliéramos de viaje.

El silencio

Fue un regalo: El silencio a veces es una respuesta. Otras, el tiempo necesario de reflexión antes que sobrevenga la palabra que creemos justa. El momento en que decididamente sentimos que hay algo para decir. El silencio también es el momento indicado para descansar. Para reposar. Para decir aquí estoy. De aquí parto. Cuando esto pasa puede suceder que hay alguien más que también espera. Al mismo tiempo, en otro lugar, distante pero palpable, entonces también se da cuenta.

martes, septiembre 27, 2005

Ese sí

Hoy entre las once y las doce hubo como un agujero insuperable. Las once eran un pececito azul de vidrio, ánimo, espera. Las doce un frío retraído, las mismas palabras ya dichas. Pero te esperé y llegaste justo. Está también ese viaje pendiente. Ese sí sin tanto esfuerzo. Andar como descalza. Pudiéndome despegar. Una fiesta entera.

La búsqueda

Conocer un hábito viejo. En ese momento descubrirnos en lo más hondo. Quedarnos perdidos aunque simularlo mirando un único espejo. No se como decirlo. Ayer he oído excusas y disculpas. Pero fue más bien escuchar alejándome. Ahí sin poder sentir. Es mi duro horizonte que no conozco. Mi tango vuelto a escuchar para mi sola. Mi mundo en un papel de cartas. Mis palabrasjuntadas. Eso de armar un cigarrillo con un amanecer dándome vueltas. Un gancia con limón. Un disco de vinilo. Otras noches. Tan tarde. Tan difícil de encontrar.

martes, agosto 23, 2005

La espera

Intento querer la bella pantalla de mi escritorio, con la gran ventana que se abre generosa hacia algunos visitantes. Ahora los tengo aquí. Al lado. Verdad que hace unos años no lo creería. Hay una tarea que lleva mis días y mis horas. Y a veces me hace doler por dentro. Como esa palabra que a veces no aparece. A veces estoy sola con mi deber y mi silencio. Hasta ese instante que tengo algo que decirme. Mi consuelo es que en las noches abiertas, acaso ahora mismo, se que hay una ráfaga y un reposo. Un sabor a frutillas fuertes. Un hombre que del mismo modo espera. Un deseo de darnos cuenta.

sábado, agosto 20, 2005

Desacuerdos

Entró por el pasillo y detrás de él el silencio, la espera, el aire espeso. Yo quería llorar pero las lágrimas se quedaban ahí. Enredadas entre las cortinas. Estaban. Pero encogidas.
- Tengo miedo- dije sencillamente. Pesadamente. Mientras él se hacía más pequeño derramándose al lado de la mesita de luz.
- Algo increíble. Tarda más el tiempo que el reloj.- fue su única respuesta.
Dos veces quisimos juntar las rodillas. Y dos veces temblamos de frío.
A veces es así: si uno se baja se demora el encuentro.

viernes, agosto 19, 2005

Eso imperceptible

Recortar solo un párrafo de una noticia perdida. Abandonada entre otras mil palabras que la rodean. Recortarla, ni siquiera prolijamente, pero si sacarla del mar de otros anuncios que tampoco informan nada. Colocarla arriba de la mesa. Ponerla, así, simplemente al lado de una taza caliente. Correrla de su lugar imperceptible y minúsculo. Para que sea toda ella. Altiva. Altanera. Orgullosa y sencilla noticia que hace momentos se extraviaba en el mundo. Sé que puedo acercarte eso imperceptible. Que septiembre sea septiembre. Llenarte los ojos con una banda de gorriones.

miércoles, agosto 03, 2005

Más conmigo

A veces sé que me duele algo. Pero no siento nada. Puedo solamente querer no estar en un lugar, aborrecer la obligación que me espera, asfixiarme en una habitación con gente. Las voces que hablan pero no dicen nada. Porque no son ellos pero me lo recuerdan. También una mano que no se acerca. Que tímida se queda rozando un vaso. El agua en el vaso que se evapora pero lento. Un crucigrama sin terminar. Los platos sucios. Amontonados. Rojos de salsa. Eso de irme. De irme despacio derramándome por los pasillos. Siendo yo pero sin que se den cuenta. También esperando desde ahí. Animándome desde ahí. Tardando desde ahí. Hasta que siento que el aire se va alivianando desde abajo. Espaciosamente. Lentamente más dueña de mi infortunio. Más cerca. Yo conmigo.

Un momento

Una pregunta se suspende en el aire. Asume un momento y desaparece. Las creencias que se mueven. Una hojita de albaca se inquieta ante mis dedos y se derrama. El sentido de las cosas en su desplegarse. Las palabras que se amontonan pero no dicen nada. El roce de tu mano. Eso sí. Un momento. Un momento que se queda pasando.

viernes, abril 01, 2005

Milonga

Tantos días difíciles. Solo a veces sentir algo inmenso. Adentro. Conmigo. Es tan complicado ser libre de aquello que no te deja ser auténtico. Es tan sabio dejarse llevar. Solo el ahora. Lo más importante en lo más ínfimo. En el detalle. En eso que no siempre tenemos en cuenta. Nada de palabras. La corriente abajo. Confiar en lo infinito. Estoy segura que te podría regalar todas mis margaritas. Las marchitas de Zitarrosa. Las del próximo septiembre. Quitarte las penas. Vernos con ojos grandes. Una historia. De esas que quedan en el aire. Milonga, tu compañera.

martes, marzo 15, 2005

Héroes

Ayer traías tantos números en los brazos que fue inevitable ahogar los amarillos en las tazas de café. Sobre el aire había también un monte y demasiados pretextos. Yo creo que es posible dejar de ver tanta gente mendigando unas monedas. Yo pienso que debiéramos volver de tanta inercia. En mi balcón el domingo alguien ha dejado un sobre con trocitos de poemas. Ese hombre debió subir un muro y no tuvo miedo a las alturas.

sábado, marzo 12, 2005

Ese

Hoy he visto a un hombre elevarse en una pregunta. Y lo sentí cerca tocando mis secretos. No me importaron sus miedos ni las mujeres que lo habitaron. Desee su futuro. Las noches en que el amor no le será ajeno. Los gestos que imagino. El encuentro cruza una calle y mira el semáforo en verde. También una mesa. Una línea. Una distancia.

sábado, febrero 19, 2005

Abre la puerta

Sobre este cuerpo
con curvas y blanco
pero sobre todo mío
Deshácete en el aire
evapórate en la noche

Desciende hasta el centro
de lo siempre e interminablemente descentrado

Enjuágate tus lágrimas
recoge las múltiples palabras no dichas
las noches de esperas
las citas postergadas

Sobre la memoria de lo que no permanece
y el olvido de lo siempre presente
Rechaza las cadenas infinitas
de pactos que esclavizan

Atrévete a traspasar el horizonte
abre la puerta
barre los silencios

domingo, enero 02, 2005

Las imágenes del trágico incendio: ¿información sin límite o respeto del dolor?

Las víctimas desnudas sobre la vereda. Los desgarradores llantos ante la peor noticia. Los intentos de reanimación de los heridos. Las esperas angustiosas en la morgue. Abundaron los primeros planos de rostros gritando. Los cuerpos sin vida.
Como no podía ser de otra manera, la información sobre el incendio en un recital de un grupo de rock acaparó la atención nacional durante días. Las escenas semejaban sucesos de una película. El acontecimiento fatal y espectacular a la vez, pareció especialmente destinado para la pantalla televisiva. Y, ante esto, numerosos medios consideraron que todo debía ser visto y mostrado. El lema, muchas veces, pareció ser: “cuánto más espanto, mejor”.
Es cierto que no existe ningún reglamento que indique cómo proceder en estos casos. La frontera que separa la información de la estimulación al espanto son muy frágiles. Y sería una ingenuidad proponer que los noticieros no se hagan eco de estos acontecimientos. La noticia de un drama colectivo es siempre algo no rutinario digno de atención. Sin embargo, ¿ es imprescindible mostrar el acto estremecedor de una persona combatiendo entre la vida o la muerte?
Desde el atentado producido a las torres gemelas el 11 de septiembre en EEUU, sabemos que los medios de comunicación pueden narrar de otra forma las catástrofes. En esa oportunidad, aunque los hechos causaron cerca de 3000 víctimas, no existió una sola imagen de un cadáver. La televisión norteamericana optó deliberadamente, por no difundir imágenes “chocantes”. Las autoridades de los canales decidieron no difundir ninguna escena dantesca.
En oposición, muchas de las cámaras que registraron los hechos del incendio en “República Cromagnon”, lamentablemente no se limitaron a dar cuenta de lo sucedido. Su objetivo principal fue producir emociones en los espectadores. Esta transmisión reiterada de escenas desgarradoras remiten a un eterno debate ético. Por un lado, el derecho del público a recibir una información completa. Por otro, la necesidad de respeto por el sufrimiento de las personas y la sensibilidad de los televidentes.
Tal vez sea la hora de llegar a un punto intermedio entre la libertad de prensa y el derecho a la privacidad de los heridos, los muertos y sus familias. La mesura debería ser un buen parámetro para la información de una tragedia.
Ante la cobertura de un drama colectivo, se trata de tener una actitud humana y respetuosa. No se puede mercantilizar con el dolor.

sábado, noviembre 20, 2004

El gran encriptador

De los numerosos textos enigmáticos que recorren el mundo, ninguno ha generado tanto desconcierto como este manuscrito. Nadie ha podido descifrar su código. Nadie sabe de su propósito. Su contenido sigue siendo un enigma.

En la actualidad, sólo se tiene certeza de su tamaño.
Las tapas de pergamino están separadas debido al uso. Su escritura corresponde a una traza prácticamente sin tachaduras. Tiene abreviaturas latinas y numeración arábiga. Códigos o claves que se repiten. Los comentarios en alemán y nombres de meses en la sección astronómica, seguramente, se añadieron años después de su creación. Por las anotaciones de las páginas, se calcula que se han extraviado, al menos, 28.

Parecía muy sencillo reconocer los dibujos de las plantas desde el punto de vista botánico, y servirse luego de sus nombres para descifrar el texto. Pero la mayor parte de las especies no pudieron ser reconocidas. Y aunque sí se han identificado algunos de los diagramas de las constelaciones, los astrónomos afirman que un torbellino de galaxias trazadas son imaginarias.
También se confirmó la existencia de dos grandes bloques de escrituras diferenciados. Sin embargo, nadie puede corroborar si lo trazaron un par de hombres con estilos diferentes que se fusionaron en una sola obra.

En relación a su historia dicen que el Duque de Nothumberland saqueó muchos monasterios durante el reinado de Enrique VIII. En una oportunidad encontró el pergamino en una pequeña abadía del condado de Essex, a orillas del río Colne. Su prólogo indicaba que había sido copiado del original por el principal precientífico medieval: Róger Bacon.

Se cree que el Duque recordó los conocimientos de otro hombre de ciencia y fue generoso con él. Hablamos de Mr. Dee. Un protegido de la reina Isabel a la cual le redactaba confusos horóscopos. Creador de la idea de un meridiano básico: el de Greenwich. Dueño de un famoso espejo de antracita negro y una bola de cristal pulido que aún se conservan en el British Museum. Fueron su inclinación al ocultismo y su afecto a coleccionar papeles cifrados, lo que le hicieron acreedor del papiro.

Hay quienes afirman que Dee, a su vez, obsequió el escrito a Rodolfo II. Y están aquellos que sostienen que éste lo compró por 600 ducados. Lo cierto es que a este emperador le interesaban la botánica y la astronomía. Su afición al esoterismo y al ocultismo hicieron que su mansión de Praga se convirtiera en el centro de reunión no sólo de astrónomos y científicos, sino también de famosos alquimistas. Entre ellos, Johannes de Tepenecz, quién firmó su nombre en un margen del texto.

Fue así que el libro habría formado parte de la biblioteca del Sacro Emperador Romano hasta su muerte en 1612. De su existencia no se supo nada más hasta el 19 de Agosto de 1666, cuando lo recibe para su estudio Athanasius Kircher.
Este jesuita era un experto en idiomas orientales. Un reputado descifrador de jeroglíficos. Tanto, que fue el primero en traducir el texto de La Tabla Esmeralda del árabe al latín. Sin embargo, no pudo interpretar el manuscrito. Fracasado en su intento, depositó el libro en una biblioteca de su orden en Mondragone, Italia. El mundo volvió a saber de él, recién en 1912, cuando un librero llamado Wilfred Voynich, lo compró y lo llevó a Estados Unidos.

¿Pero quién fue aquel capaz de inventar un libro aún indescifrable? ¿Y qué persiguió con el trabajo arduo de sus días?
Lo que a partir de aquí sigue, es una larga serie de intentos vanos por descifrar los criptogramas.

Muchos alentaron desde un principio, la versión que le otorgaba a Roger Bacon, no solo el prólogo, sino la totalidad de la obra. El monje franciscano había combinado sus estudios de filosofía, matemáticas y física experimental con la alquimia. Dado que sobre él recayó la prohibición de publicar ciertos textos, podría haber trasladado sus conocimientos a un código cifrado. Su conocimiento profundo de las lenguas y las matemáticas lo hacía posible.

Basándose en esta suposición, Adolph Cyrus Roidingercht, en 1915, sostuvo que uno de sus antepasados había sido amigo del científico medieval. De éste, habría recibido una guía de traducción. Su versión, digna de poco crédito, afirmó que el libro hablaba de una civilización desaparecida, cuyos integrantes no medían más de un metro de altura que dominaban la fuerza de gravedad. Estos seres poseían máquinas que les permitían horadar la roca y construir grandes ciudades subterráneas. La intercomunicación con el resto del planeta se realizaba debajo de la Tierra. Inclusive, nombra una máquina llamada "Nilotrona".

En 1919 llegaron unas fotocopias a manos del decano de la Universidad de Pensilvania. William Romaine Newbold era especialista en lingüística y en criptografía. Fue felicitado por Franklin Roosevelt por haber descifrado una correspondencia entre espías que ni siquiera la oficina de Washington consiguió descifrar. Según sus observaciones, el texto daba cuenta de que la nebulosa de Andrómeda era una galaxia como la nuestra. El misterio se resolvía obteniendo los anagramas del texto de Bacon.

La construcción de estas transposiciones es un pasatiempo antiguo. Las primeras se le atribuyen al griego Licofrón, poeta y gramático de Alejandría. Sus adeptos han crecido a lo largo del tiempo. Mi propia abuela invertía las horas en combinar su nombre. En las largas tardes de invierno, me recitaba sus anagramas como si fueran una antigua letanía: agitar mar, garita mar, garra mita, girar mata, grama rita, grama tira, grama tría, grata mira, grata rima, grima rata, grima tara, magra tira, magra tría, marga tira, marga tría, migar rata, migar tara. Por comparación, para Newbold, el autor era sólo un gran anagramador.

Lamentablemente, estas suposiciones no resultaron definitivas. A los pocos años muchos notaron que el procedimiento no generaba el menor adelanto. John Manly, en 1931, sostuvo que a partir de cualquier línea se pueden obtener diversos anagramas, cada uno con un significado distinto. Por ejemplo el saludo del ángel a la Virgen María en la Anunciación, expresado en latín (Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum), constituyó desde antiguo una fuente de devotos en juegos con anagramas. A pesar de contener únicamente 31 letras, la frase permitió obtener, 3.100 inversiones en prosa y un poema acróstico, 1.500 versos pentámetros y hexámetros, y una vida de la Virgen compuesta en 27 anagramas. Lo erróneo en nuestro caso, es que la cantidad innumerable de combinaciones posibles, violaría una regla de oro. Aquella que dice para descifrar el contenido de un texto, sólo puede admitirse una solución para cada pasaje.

Luego no existió ningún progreso durante casi 60 años, hasta que alguien advirtió un hallazgo sorprendente. Robert Brumbaugh era su nombre. El descubrimiento fue que en un margen aparecían cálculos garabateados. Un diagrama con 26 símbolos también se distinguía al costado del texto. Sin embargo, no se encontró correspondencia alguna. Fue así que algunos afirmaron que el texto era una estafa del alquimista Dee para engañar a Rodolfo II y obtener su dinero. El manuscrito era solo un bien tramado artificio con una mera intencionalidad económica. Su autor: el creador de una mentira minuciosamente planeada. Un tramposo. Un estafador.

Hubo quien pudo generar un texto con igual apariencia a través de diagramar cuarenta filas y treinta y nueve columnas. Luego, pacientemente, superpuso un cartón con cuatro ventanas a la cuadrícula. Así se formaron palabras que resultan de unir las sílabas que quedan visibles a medida que se mueve la plantilla agujereada. El método ya se conocía como “la Grilla de Cardano”. El matemático italiano la había desarrollado 1550.
En este caso, la combinación de las letras sería puramente aleatoria. Su sentido estaría violado. Una página típica del manuscrito contiene entre 10 a 40 renglones, cada una compuesta por 8 o 12 palabras. La tabla propuesta, sería suficiente como para producir una página completa con una sola tarjeta ranurada. La primera columna contendría los prefijos, la segunda las partes centrales y la tercera los sufijos de las palabras. Las siguientes repetirían el mismo patrón. Sin embargo, esta demostración del informático de Keele, sólo comprobó que no es tan complejo generar algo que parezca un lenguaje con algún tipo de regularidad. Su contenido seguía velado.

También existió un equipo de investigadores que demostró que sus palabras y frases se repetían más a menudo que las de un lenguaje corriente. En este caso los ordenadores fueron imprescindibles. El hallazgo era insólito, puesto que los sistemas de cifrado hacen lo contrario. Fue así que muchos sostuvieron que el libro era obra de un herborista. Y sus repeticiones sólo fórmulas químicas, como en los modernos libros de texto de medicina.

Los más escépticos, que siempre los hay, afirmaron que las letras y los dibujos eran la creación de un alquimista demente. La sucesión de signos producto de su locura. Sus excentricidades plasmadas en un pergamino sin valor alguno. Pero esta vez fueron expertos psicólogos quienes demostraron que este texto es mucho más complejo que cualquier discurso de pacientes con daños cerebrales o desórdenes mentales.

En la actualidad, existe un proyecto denominado EVMT (European Voynich Manuscript Transcription). Con él se pretende recoger y agrupar todo lo que hasta ahora se sabe acerca del libro. Como no podría ser de otra manera, se diseñará una página web donde habrá una trascripción completa del texto en formato electrónico. Los científicos podrán realizar análisis numéricos. Se examinará estadísticamente sus combinaciones. El diseño de un software automatizará los procesos.

Lo cierto es que, después de casi siete siglos, el contenido y el propósito del papiro siguen siendo un enigma. Su original descansa ahora en la universidad de Yale. En la galería de Libros Extraños. Su número de catálogo: el MS 408.

Yo, que no soy más que una mujer, no dejo de deslumbrarme ante sus más de cuatrocientos dibujos en rojo sangre, azul, amarillo, marrón y verde brillante. Y me fascino con sus caracteres extraordinariamente fluidos y en negro.

Por eso pienso que sus diagramas de la constelación de Aldebarán y su nebulosa de Andrómeda, acaso no merezcan la continua atención de los expertos que pueblan las universidades ni ameriten el desvelo de los servicios de inteligencia del mundo.

Quién sabe si las figuras femeninas y los cientos de plantas no identificadas, no fueron sino el fruto de enormes alucinaciones que quebraban su rutina.

Tal vez la vida de aquel hombre fuera taciturna, sombría, agobiada a veces. El propósito del texto mínimo: entretener las noches dibujando signos zodiacales, desnudos, herbolarios, galaxias inventadas y letras.

A lo mejor con esta obra sólo desbarató el aburrimiento de sus horas. Y si alguien le hubiera podido preguntar de su propósito, tampoco él hubiera tenido una respuesta.

Quizás el autor únicamente quiso traspasar a la realidad, sus sueños recordados con una minuciosidad inaudita. Cada noche percibía los criptogramas con mayor claridad. Limitándose de día, con infatigable esmero, a garabatear en tinta algunas de esas disposiciones imaginarias.

Posiblemente alguna tarde, comprendió con amargura que nada podía esperar de aquellas páginas. Entonces apesadumbrado, se le ocurrió destruirlo. Pero en otras más animosas creyó, como tantos después, que en su papiro se reproducía el idioma aún desconocido que explicaba los grandes secretos. Los hechos que aún debieran ocurrir. Las palabras para dominar las cosas.

Desde la antigüedad los sueños están cargados de inexplicables misterios. Muchos consideran que a través de ellos es el propio creador del mundo quien se comunica y encripta los mensajes.

Creyendo en esto, por fortuna, olvidó la posibilidad de su destrucción y buscó también las maneras de comprenderlo. No sería extraño entonces, que a él mismo pertenezca el segundo bloque de escritura. El código encontrado en los márgenes no sería otra cosa que un intento vano por descifrar sus propias palabras.

Tal vez este hombre fuera sólo uno más. Otro igual a los múltiples descifradores que intentan conocer el enigma.

lunes, noviembre 01, 2004

Márgenes en blanco

Ojalá fuésemos en una noche
boca arriba
y cerráramos los ojos fracturando las imágenes.

Seducir constantemente a nuestros cuerpos.
Buscar arrimando los deseos
Ganas de tenerte, aquí, conmigo.

Imaginemos que de repente
tuviésemos el poder de desnombrar las cosas,
que aplazáramos las luchas ancestrales por imponer sentidos,

Silenciar las palabras hasta
recuperar la piel dormida.

Ojalá fuésemos en una noche cualquiera
abismos de preguntas
... y tuviéramos las márgenes en blanco
para rozarnos en las sombras.

martes, octubre 19, 2004

Ya no estaré

La reja permite
que pase la palabra
y mis ganas de volver
se hacen más débiles.
En un banco de la plaza mayor
con los versos que recorren el aula Salinas.
Pero lo sé.
Ya no estaré aquí el próximo diciembre.
Seré otra en el otro extremo.
Un latido.
Una extraña allí donde pertenezco.

lunes, octubre 18, 2004

Semana en Cuenca

Ajos arrieros, truchas en escabeches, vieras gratinadas, revueltos trigueros, endibias al roquefort, coctail de mariscos, chipirones, sepia al ojo, cuajadas con miel, natillas. Éramos sólo tres becarios sobre algo más de cincuenta participantes del congreso (un doctor en arte valenciano y una escultora mexicana, además de mí). Y esas fueron algunas de las comidas que tuvimos en un hotel a una cuadra de la universidad Internacional Menéndez Pelayo. Dormimos en lo que en un tiempo fueron las habitaciones de un ex convento de Carmelitas descalzas. Y todo recordaba al pasado porque las conferencias también eran en la antigua capilla.
Llegué el domingo en plena fiesta de San Miguel. Así que la ciudad estaba volcada a la calle y la principal atracción eran unas vacas que sueltan en la plaza mayor. Aunque estuve bastante tiempo mirando y apretujándome con ellos no comprendí esta diversión de los españoles que lo único que logran es correr de aquí para allá para no lastimarse con un pobre animal aturdido por los gritos y cegado por los pañuelos rojos. Los bidones de sangría se encontraban en todas las esquinas, casi todo el mundo llevaba colgado del cuello su “bota” de vino y cada “peña” se apropiaba de una calle haciendo casi imposible subir las cuestas. En muchas de sus camisetas se podía leer la consigna: “enemigos del agua”, para que se den una idea del espíritu que las animaba.
Algunas de las charlas del curso fueron un poco monótonas, sobre todo porque las ponencias eran leídas y eso hacía difícil seguir los conceptos. Hubo quien teorizó sesenta minutos sobre la “impostura de la palabra” sobre la base de la obra de Thomas Mann: confesiones del estafador Féliz Krull. Una sicóloga. Como no podía ser menos: argentina.
Hubo quien disertó sobre el “bilboquet” que Marcel Duchamp regaló a su amigo Max Bergman a principios de siglo. Juego que no es otro que aquellas bolas perforadas que se tratan de ensartar a un palo y que nosotros conocemos como “valeros”. A veces admiro esa audacia de escribir veinte o treinta páginas acerca de un pasatiempo tan simple e instintivo como este. Hace falta para ello relacionarlo con cosas tan abstractas como “la relación inconclusa entre la posesión del hombre y un objeto”, “el deseo sexual en la alegoría hueco/aro/mujer, puesto en movimiento para ser cazado y penetrado por el puntero/palo/hombre” o “la fascinación humana por la cabeza escindida”. Y animarse a decir de un simple regalo con una aún más simple dedicatoria tallada (“Bilboquet/souvenir de Paris/ A mon ami M. Bergmann/Duchamp printemps 1910”), que constituye “un espacio simbólico denominado arte que veiculiza sentidos latentes mostrando un mecanismo intelectivo”.
Fueron varios los artistas que expusieron sus obras. Estuvo Basilio Martín Patino, un cineasta documentalista salmantino que proyectó dos de sus películas. “Madrid”, un homenaje a la ciudad que nunca llegó a proyectarse en una sala comercial, y el caso de “Casas viejas”, una sublevación anarquista en el sur pobre español, en los años de la República.
Mireia Sentís, una escritora de El País y fotógrafa, también mostró en diapositivas sus obras que por ejemplo registraban una colección de joyas sobre cuerpos desnudos.
Pero Antoni Muntadas, un artista catalán, fue la estrella del seminario ya que se lo considera uno de los máximos exponentes del “media art”. Expresión ésta por la cual se conoce a la producción de piezas para el consumo masivo. Es decir: videos, programas de televisión, intervenciones en las ciudades, proyectos de internet en dónde se recogen “spots” de publicidad política, títulos de finalización de programas o montajes cuya atención varía entre crucifijos o comentarios metafóricos sobre la evolución de las ciudades.
También varios jóvenes mostraron sus “performances”. Y allí pudimos “disfrutar” ¿? de alguien que se encerraba más de diez minutos en una carpa de plástico transparente con el objetivo de que los demás lo agredieran con humo y pinturas, como denuncia de la inhospitabilidad de este planeta, o de otro personaje que se subía a una bicicleta que cuánto más pedaleaba más descarga eléctrica provocaba en su manubrio. No pude más que pensar que era un homenaje al automasoquismo. Cómo bien dice el refrán: sobre gustos no hay nada escrito.
Una de las mañanas fuimos caminando para comer en una gruta. Y ahí sí fue interesante el comentario de un geólogo que bien nos recordó el movimiento permanente de la tierra a más de 120 km por hora, aunque casi nunca reparemos en ello. Además opinó que las famosas y bellas “casas voladas” de Cuenca tienen sus horas contadas ya que seguramente se caerán en alrededor de 1.000 años.
Pero por supuesto, las fotografié, como una más de los miles de turistas que viajan a verlas. Y aún sabiendo que entonces serán varias las generaciones que todavía podrán disfrutar de ellas. Porque debo reconocer que el acto que intenta expresar el “por aquí pasé yo” siempre es provocador.

miércoles, octubre 13, 2004

Era

Era la noche esquiva. La promesa latente. El río inmenso y rápido con mensajes amarillos.
Era un puente romano. Un sauce llorando. La verdad de estar sobretodo en ninguna parte.
Era la noche con su luna de siempre distinta. Los colores sin nombre. Los amigos de la tarde. El sueño repetido. El silencio oscuro. Los grises empañados.
Era esto de ser buscando sin saber qué. De esperar sin comprender dónde. Era yo con mi soledad tan compañera.
El pocillo en la mesa. La mesa en el suelo. La luz encendida. El collar de semillas. El dulce de leche en la cara. Tu mano en la mía.
Era el Brasil en un CD. Una mujer que a veces fue feliz. Pero sobre todo muchas veces fue mujer.
Era esto de sentir que la vida es aquello que sucede entre dos cosas que los demás creen importantes. Los tiempos para otros improductivos. Los segundos intermitentes.
Era todo lo que puede ser. Y un poco menos a veces. Y un poco más las más.
Y era también lo que no sucederá nunca. Lo que quedará para siempre suspendido entre los magentas invisibles.